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La historia de Peñaflor viene determinada por su situación junto al
río Guadalquivir, que le hizo, como a la mayoría de pueblos situados
a orillas de los ríos, ser un pueblo próspero a lo largo de su
historia.
Creemos que ya estaba habitado al menos desde 5.000 años a.c.
Posteriormente, en el periodo del Bronce, por la riqueza de la zona
en metales y especialmente el cobre, Peñaflor podría haber servido
en una de las poblaciones base antes de adentrarse en la cercana
Sierra Morena.
Cuando griegos y fenicios (sobre el año 500 a.c.) establecen rutas
comerciales desde la costa de Andalucía hacia el interior, el río
Guadalquivir sería una de ellas hasta Sevilla y Córdoba, estando
situado Peñaflor en medio de ambas.
Así pues, ya desde sus orígenes, sus habitantes serían resultado de
la mezcla de diferentes pueblos y culturas. La riqueza de la zona
también atraería a poblaciones del norte, como los Celtas.
Los romanos aprovecharían su riqueza agrícola, especialmente aceite,
los minerales y su excelente localización junto al río y la
convertirían en en una población próspera y bien organizada, con un
puerto fluvial estratégicamente situado en la ruta del comercio.
Hacia el año 200 d.C. habría alcanzado su máximo esplendor romano.
Es fácil encontrar multitud de restos de sus monedas, arquitectura,
cerámica, etc.
La llegada de europeos y africanos acabarían con este auge como
población y las familias más poderosas se dispersarían por la zona.
Con el dominio de los musulmanes nace el actual nombre de Peñaflor.
Según la tradición Críspulo y Restituto fueron martirizados y su
sangre derramada sobre las peñas dio lugar al crecimiento de una
flor. En el lugar se construyó una ermita.
Los restos musulmanes nos indican nuevas y distintas construcciones
así como una organización de la población diferente a la antigua
romana.
Hacia el siglo siglo XIII, Fernando III conquista la zona y se le
otorga a la orden militar de San Juan del Hospital de Jerusalén.
Tras diferentes cambios en la Edad Media el rey Alfonso XI hace
diferentes concesiones de la zona, de las que por sucesiones
Peñaflor acabaría bajo Don Luis de Portocarrero,
En 1.626 Felipe IV, pasó la jurisdicción a Don Rodrigo de
Cañaveral y Cárdenas. Unos años después, siendo vendida unos años
después sucesivamente a D.ª Leonor de Guzmán,
marquesa de Almenara y finalmente en 1.653 a Don
Antonio de Henestrosa, de Écija.
Hacia el 1.800, bajo los franceses, pasa a depender jurídicamente
del Corregidor de Lora provincia de Sevilla quedando, tras varias
modificaciones de jurisdicción, definitivamente en 1.834 en la
provincia de Sevilla. |